Desde mi ventana puedo ver a través de las flores de los ciruelos,
el amanecer, el rojo de las nubes se confunde con los primeros
rayos de sol como un círculo dorado, comienza a elevarse,
se escuchan los primeros cánticos de las aves.
abro mi ventana y la brisa fresca acaricia mi rostro
Siento esa energía como si todo el sol penetrara en mi alma.
Como si el Cielo estuviera fecundando la Tierra
Yo había alcanzado un sueño: mi pequeño paraíso dorado
entre ciruelos y vides
A la sombra de los álamos y las palmeras
cercada por margaritas, aguas nieves y enredaderas:
los grateos eran mis guardianes.
La primavera se anunciaba,
luego florecerían los duraznos y los damascos.
Cuando a veces llovía se sentía ese aroma a tierra mojada,
ese olor a campos, ese olor a verdes.
Era mi paraíso…
Pero TÚ, no estabas en él,
tu presencia: sólo hablaba de distancias...
Cuando el invierno es más crudo
puede verse, aún en medio de la nieve
la flor del ciruelo,
resistente frente a la adversidad,
esperando cumplir su promesa...
S andra Gonzalez Lescano
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