La muerte se suspende
como un péndulo sin horas
sólo es un paréntesis entre huellas
No es el fin de la eternidad
Los muros aún le escriben vida a tu historia
derramando párpados al recuerdo
tan dolorosos
como una mancha de tinta negra
sobre un papel que sangra en las mandíbulas del tiempo
No hay grito más fuerte
que el silencio infinito
El piso del mundo cede bajo la trampa deshilvanada de la queja siniestra
como una torpeza de las circunstancias
La oscuridad infinita
le construye murallas de vida
a esa melodía extinta que me nombra
mientras tu rostro aparece en globos azules
para latir en mis pupilas
como un rayo de luz que se pierde en otra luz para habitar ese dulce dolor que jamás pudo llorarte
Sandra Gonzalez Lescano
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